Entrada destacada

Sumergido en la desazón

Lo confieso. Atesoro miedo. Miedo e inquietud. De no poseer sueños ni grandes aspiraciones. De compararme con aquellos que sí los tienen....

miércoles, 30 de enero de 2019

No hemos sido hechos para esto

No hemos sido hechos para encerrarnos entre cuatro paredes. No hemos sido hechos para tirarnos horas y horas en el sofá. No hemos sido hechos para hacer zapping en la tele. No hemos sido hechos para respirar gases contaminantes. Tampoco para caminar sobre cemento ni para arrasar los espacios verdes. No hemos sido hechos para ser espectadores de nuestras vidas. No hemos sido hechos para la soporífera e insulsa cotidianidad humana. Ni para el anquilosado sedentarismo.

No hemos sido hechos para ser rehenes de nuestras propias creaciones. No hemos sido hechos para entregarnos a los avances tecnológicos. No hemos sido hechos para no poder vivir sin ojear el móvil cada segundo. No hemos sido hechos para tomar drogas. No hemos sido hechos para comer alimentos procesados. Ni tampoco para entregarnos al imperio de los medicamentos.

No hemos sido hechos para poseer la libertad de nadie, excepto la nuestra. No hemos sido hechos para restringir la propia. No hemos sido hechos para entregar nuestros destinos y esperanzas a sentimientos pasajeros. No hemos sido hechos para depender de una sola persona. No hemos sido hechos para fundirnos en la masa, como un número más. Tampoco para caminar en solitario.

Pero tampoco hemos sido hechos para doblegarnos a modelos de organización basados en la marginación social. Ni para dividirnos en estratos sociales. Ni para oprimir a los trabajadores, a las mujeres, a otras etnias ni a los animales. Ni para matarnos los unos a los otros en nombre de nuestras creaciones (naciones, religiones, ideologías). Ni para luchar por recursos o para obtener una mejor posición geo-estratégica. Ni para pisotear ni ser pisoteados.

Y, sin embargo, nos encerramos en nuestras casas y en las ciudades. Apenas pisamos el medio natural. Nos entregamos a la cotidianidad con la promesa de estar haciendo lo correcto académica y profesionalmente. Nos doblegamos a los avances tecnológicos, en vez de usarlos con conciencia y limitaciones. Nos drogamos. Comemos alimentos procesados. Tomamos medicamentos.

Construimos relaciones sin libertad, restringiendo la propia y la ajena. Aceptamos ser considerados como números y como gasto. Nos dejamos explotar. Aceptamos un sistema piramidal que rige el mundo, siendo cómplices del clasismo, el machismo, la miseria, la pobreza y el hambre. Nos matamos en nombre de naciones, religiones e ideologías. Y, sobre todo: nos dejamos pisotear y deseamos estar en esa posición.

E, ineluctablemente, os preguntaréis: ¿Para qué hemos sido hechos? ¿Acaso hemos sido hechos? Y de ser así, ¿qué enfermiza y malévola mente ha creado tal macabro y maligno destino que nos sedentariza, encierra, divide, enfrenta y oprime? ¿Quién ha diseñado este errado experimento? ¿Quién sino el propio ser humano y su auto-destructiva voluntad colectiva, cárcel de personas y devastadora de la fauna y del reino animal?