"¿Qué habré hecho
mal, qué habré dicho? ¿Dónde he metido la pata?", te cuestionas.
"¿Acaso ser yo mism@? ¿Ganar a cada segundo que transcurre más confianza
en mí?". No puedes parar de darle vueltas. Sin embargo, ya está hecho. Lo
has conseguido: le has ofendido a alguien. Y no sabes ni cómo, ni cuándo ni en
qué. "Tal vez no fui cuidados@ en algún punto. O quizá no pensé que podía
herir a esa persona". Pero también es posible que no sea para tanto.
Quedan por resolver
esas dudas. Mientras tratas de resolverlas, surgen otras. Te preguntas sobre el
estado físico o psicológico de la otra persona. Imaginas que no debe
encontrarse bien. "Entonces, no es culpa mía. Ha sido él/ella", te
dices. Pero no se trata de culpas ni de tener o no razón. A veces hay que dejar
el orgullo de lado para empatizar con alguien y ayudarle. Y callarte. Aunque
tengas razón.
Continúas
reflexionando. Y te vuelves a hacer preguntas. Éstas ya no giran entorno al
fallo cometido o al estado de la otra persona. Ahora apuntan directamente a tu
yo. "¿Y si estoy recorriendo la senda equivocada con mi comportamiento y
actitud recientes?” Este último episodio ha despertado tus dudas sobre ti, pero
últimamente acumulas una buena dosis de ellos. Ha sido la gota que ha colmado
el vaso de tu inconsciencia y falta de cuidado.
Recuerdas que tiempo a
no acostumbrabas a tener mucha confianza en ti mism@. Ahora te parece la
prehistoria de tu vida. Te ves actualmente en el lado opuesto. Sientes miedo de
tu nueva imagen frente al espejo. Te asustas ante la posibilidad de estar
incubando egocentrismo, egoísmo y narcisismo. “No me pega mi nuevo yo. No es mi
estilo ser así”. Piensas que debes recuperar la humildad que siempre te
caracterizó. Crees poder hacerlo sin tener que sacrificar la creciente fé en ti
mism@.
Vas un paso más allá.
Las preocupaciones atormentan tu mente. No quieres alejar de ti a tu gente con
tu nueva versión. Tampoco deseas provocar confusión en quienes te estén
conociendo. Sientes la imperiosa
necesidad de establecer una dualidad platónica entre tu ser real y el aparente.
“Esto no puede quedar así. Éste no soy yo, éste no soy yo, éste no soy yo, éste
no soy yo, éste no soy yo…”