¿Les ha ocurrido? Tener
un compañero o compañera enormemente individualista. Hallarse obligados a
trabajar con alguien que solo piensa en sí mismo. Toparse ante la encrucijada
de tener que competir, de tener que mirar por uno mismo. Porque sí. Porque si no
lo haces, te devora. Literalmente.
Sin pretensiones ni
ánimo de caer en tópicos ni frases hechas, se ha de reconocer la
ineluctabilidad de encontrarse siempre a este tipo de gente por los andares de
la vida. A gente ruín. Gente individualista y competitiva. No competitiva en el
buen sentido. No me malinterpreten, para competir ya están el juego y el
deporte -el individual, al menos-. El acto de competir posee un componente de
belleza. Luchar para superarse puede convertirse en algo precioso. En otras ocasiones
se compite en grupo contra otro colectivo. No hay nada malo con ello. Mas
cuando se trata de trabajar en equipo en pos de un objetivo común no caben
actitudes de corte egocéntrico en el seno del grupo. Y aún así, haberlas
haylas.
Seguro que les ha
ocurrido. Que el mentecato del encargado se crea por encima de usted y cumpla
con el encomiable fin que el jefe le tiene reservado: hacer las veces de
esclavo útil pisa-empleados. Tener unos compañeros en un grupo de trabajo en la
universidad que no suman, no apoyan, no ayudan. Solo compiten. Entrar a un
equipo deportivo y constatar que no todo el mundo lo palpa igual cuando ya
lleva un tiempo en el mismo. ¿Será por la falta de recompensa? A fin de
cuentas, en una sociedad mercantil como la nuestra, sentirse parte de un grupo,
hallarse en comunión con unas personas y conectar no son objeto de deseo. Si no
hay un premio obvio, una recompensa material de por medio, poca gente va a
mover un dedo. Pero por mí si lo muevo. Con tal de ganar más dinero, tener más
nota o sencillamente para demostrar que soy mejor.
Si ustedes no son así,
no se preocupen. No se angustien. No se vituperen. No están equivocados.
Preserven su honestidad y su decencia. No se dejen llevar por gente de esa
calaña. Si no tienen más salida que aguantar, aguanten. Y aléjense de esa gente
en cuanto tengan la oportunidad. Ya sea en el instituto, la universidad, el
trabajo o cualquier tipo de situación o actividad que implique trabajar en
equipo. Piensen que si se dejan influir por gente así, habrá caído derrotada su
visión de la vida. Y no, no se lo pueden permitir.