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Sumergido en la desazón

Lo confieso. Atesoro miedo. Miedo e inquietud. De no poseer sueños ni grandes aspiraciones. De compararme con aquellos que sí los tienen....

domingo, 11 de junio de 2017

Primero yo, luego yo y por último yo

¿Les ha ocurrido? Tener un compañero o compañera enormemente individualista. Hallarse obligados a trabajar con alguien que solo piensa en sí mismo. Toparse ante la encrucijada de tener que competir, de tener que mirar por uno mismo. Porque sí. Porque si no lo haces, te devora. Literalmente.

Sin pretensiones ni ánimo de caer en tópicos ni frases hechas, se ha de reconocer la ineluctabilidad de encontrarse siempre a este tipo de gente por los andares de la vida. A gente ruín. Gente individualista y competitiva. No competitiva en el buen sentido. No me malinterpreten, para competir ya están el juego y el deporte -el individual, al menos-. El acto de competir posee un componente de belleza. Luchar para superarse puede convertirse en algo precioso. En otras ocasiones se compite en grupo contra otro colectivo. No hay nada malo con ello. Mas cuando se trata de trabajar en equipo en pos de un objetivo común no caben actitudes de corte egocéntrico en el seno del grupo. Y aún así, haberlas haylas.

Seguro que les ha ocurrido. Que el mentecato del encargado se crea por encima de usted y cumpla con el encomiable fin que el jefe le tiene reservado: hacer las veces de esclavo útil pisa-empleados. Tener unos compañeros en un grupo de trabajo en la universidad que no suman, no apoyan, no ayudan. Solo compiten. Entrar a un equipo deportivo y constatar que no todo el mundo lo palpa igual cuando ya lleva un tiempo en el mismo. ¿Será por la falta de recompensa? A fin de cuentas, en una sociedad mercantil como la nuestra, sentirse parte de un grupo, hallarse en comunión con unas personas y conectar no son objeto de deseo. Si no hay un premio obvio, una recompensa material de por medio, poca gente va a mover un dedo. Pero por mí si lo muevo. Con tal de ganar más dinero, tener más nota o sencillamente para demostrar que soy mejor.

Si ustedes no son así, no se preocupen. No se angustien. No se vituperen. No están equivocados. Preserven su honestidad y su decencia. No se dejen llevar por gente de esa calaña. Si no tienen más salida que aguantar, aguanten. Y aléjense de esa gente en cuanto tengan la oportunidad. Ya sea en el instituto, la universidad, el trabajo o cualquier tipo de situación o actividad que implique trabajar en equipo. Piensen que si se dejan influir por gente así, habrá caído derrotada su visión de la vida. Y no, no se lo pueden permitir.